LA CRISIS DE LOS NIÑOS EN SITUACIÓN DE CALLE EN AMÉRICA LATINA
En América Latina, la pobreza extrema es una de las principales causas del abandono infantil, obligando a muchas familias a tomar decisiones desgarradoras cuando no pueden cubrir necesidades básicas como la alimentación, la vivienda, la atención médica o la educación. Esta crisis se agrava a menudo por la violencia doméstica y las condiciones de vida inseguras, dejando a muchos niños sin otra opción que vivir en la calle. Conocidos como “niños de la calle”, estos menores sobreviven sin el apoyo de una familia ni el cuidado de adultos, lo que los hace extremadamente vulnerables al abuso, la explotación y la violencia. Duermen en lugares públicos —parques, callejones, debajo de puentes o en edificios abandonados— y forman comunidades informales en busca de seguridad. Sin embargo, siguen expuestos al crimen y la violencia callejera.
Para sobrevivir, recurren a trabajos informales o peligrosos como pedir limosna, vender productos pequeños, lustrar zapatos o recolectar materiales reciclables. Algunos se ven obligados a robar o a ejercer la prostitución. El consumo de sustancias, especialmente el inhalado de pegamento, es común como una forma de aliviar el hambre y el trauma. Sufren de desnutrición, enfermedades no tratadas y están en alto riesgo de sufrir abusos físicos y sexuales, trata de personas y reclutamiento por pandillas. Las niñas, en particular, enfrentan mayores riesgos de explotación y embarazos tempranos. En los países del Triángulo Norte —El Salvador, Honduras y Guatemala— la situación es especialmente grave. La pobreza, la violencia y la inestabilidad social empujan a miles de niños a las calles. Ciudades como San Salvador, Tegucigalpa y Ciudad de Guatemala albergan a muchos de estos niños olvidados, quienes deben enfrentarse solos a una de las realidades más peligrosas y desatendidas de la región.