
Muchos de los niños en el programa Ángeles de Esperanza provienen de familias atrapadas en la pobreza por generaciones. Para tres niños vulnerables —David, Astre y Madelyn—, la pobreza alguna vez pareció una realidad ineludible. Sin embargo, tras unirse al programa Ángeles de Esperanza, sus vidas dieron un giro total. Alcanzar resultados tan extraordinarios requiere años de cuidado y dedicación, posibles gracias a una red de donantes comprometidos que no temen intervenir para salvar una vida y dejar una huella duradera en nuestro futuro.
Sin intervención, los niños que nacen en la pobreza tienden a repetir el ciclo en su adultez, y cada nueva generación hereda las desventajas de la anterior. La ayuda a corto plazo atiende necesidades inmediatas, pero enfrentar la pobreza intergeneracional genera un cambio sostenible y duradero. Permite que las personas salgan de la pobreza de manera permanente, en lugar de depender de alivios temporales.
La pobreza no solo afecta a las personas, también limita el potencial económico de comunidades y países enteros. Romper el ciclo de la pobreza intergeneracional forma ciudadanos más educados, capacitados y productivos, lo que se traduce en mayor crecimiento económico y estabilidad social. Historias como las de David, Astre y Madelyn desafían la creencia de que la pobreza es inevitable, una idea que muchas veces se usa como excusa para no actuar.
Con solo $1 al día, puedes asegurarte de que un niño reciba alimentos nutritivos, agua potable, ropa y un entorno seguro donde pueda desarrollarse. A través del programa Ángeles de Esperanza, también le brindas acceso a educación, apoyo emocional y psicológico, y lo empoderas con independencia y habilidades para toda la vida.